Hace poco me contaron que alguien muy cercano estaba en una situación muy delicada. Obviamente estoy preocupada pero esto me ha hecho pensar y darle vueltas y vueltas a la psique del suicida.
Hace un par de años escribí en este blog «La psique del suicida» dónde expresaba el gran sentimiento interno de una persona con ideas autolíticas. Esa persona era yo. En los peores momentos de mi enfermedad tuve la sensación de que la muerte era la única forma de que el dolor no me atrapara. Sentía bienestar al lesionarme, era como una droga que me sedaba al instante pero que cada vez necesitaba más y más para sentirme mejor.
Me he metido de lleno en la mente de la persona que ahora está pasando por lo mismo que un día pasé yo y puedo sentir su mismo sufrimiento pero ahora desde el otro lado. Me gustaría ayudarle y decirle que luche porque la vida vale la pena pero sé que no lo siente así y que la mente es tan poderosa que puede hacernos creer cosas inexplicables.
Sé que le da miedo morir, lo sé porque yo también lo tenía y la mayoría de las personas que se autolesionan lo único que quieren es escapar. Buscar ayuda.
Si alguien me lee y tiene esos sentimientos tan tenebrosos pero satisfactorios a su vez, quiero que sepa que se puede salir y encontrar calidez en otras cosas, en otras manos que le agarrarán las suyas y en otras personas que quizá aún ni conozcan. La vida es tan inesperada…
No le diré «ánimo», «De todo se sale», «Tú puedes». Simplemente me quedaré a su lado, esperando con la esperanza de que el proceso que tiene que pasar para sanar sea definitivo. Me quedaré luchando con todo y dando espacio a sus tiempos.
Sé que va a salir. Sé que vais a salir.